Los fumadores cada vez lo tienen más crudo. Si hace unos años se les marginaba en rincones desde los que el humo no alcanzase a los no fumadores, ahora se les prohibe fumar, incluso, en esos zulos costeros de bares diversos. Me parece totalmente digno para aquellos que no fumamos que el humo de los que si lo hacen no nos alcance pero creo que esos adeptos a la nicotina también tienen sus derechos. La medida no debería ser prohibir si no adaptar. Todos los bares deberían tener zona de no fumadores y de fumadores. Nada de locales habilitados exclusivamente para unos o para otros, sino, espacios limitados, bien limitados, donde el humo no llegue a los no fumadores.
Ser fumador pasivo es de los peores castigos que puede sufrir alguien que camina al lado o por detrás de otro que no hace más que lanzarle señales de humo. En el bar sabes a lo que vas, pero en la calle no hay ley que valga. Pero, a ver quién es el chulo/a que se acerca al fumador legalizado a decirle: Oiga, deje de mandarme mensajes con su cigarrillo que no me interesa en absoluto. Por suerte, la disputa se centraliza sobre todo en los bares. En los lugares públicos, lease: centros comerciales, cines, estaciones de tren… no se contempla ni por asomo el permiso de encenderse el canutillo de papel nocivo.
Quizás, bueno lo de quizás era por ser delicado, lo que más odie es aquel que a las 8 de la mañana saluda con efluvios de porro (de sustancia variadas y por mi desconocidas). El aroma insalubre de esta vertiente fumada es todavia más nauseabunda e infinitamente, menos aceptable que la anterior. Para esta no tolero lugares habilitados ni debates que legalicen estas sustancias. No quiero convivir en una sociedad donde el olor a marihuana se entremezcle con la fritanga de los bares y el olor, el mal olor, de las zonas pudentas de la humanidad. Amsterdam, ciudad Europea pionera en esto de la legalización de la maría, pierde su encanto cuando paseando por sus calles y alcanzando sus plazas la sombra de cada calada te persigue. La dispersa humareda te acompaña en el viaje dejandote en el recuerdo poco más que eso. Podemos caer en lo fácil y en la demagogia barata de alegar que con el permiso de esta sustancia a fumarla libremente recortaría gastos a la hora de perseguir a todos aquellos que se encargan de trapichear. Es decir, ¿para qué luchar contra la lacra maría y gastar dinero?, vamos a abrir fronteras a la droga. Que entre, y a quien no le guste que se fastidie. Claro que sí, quién sabe, igual la causa de la crisis es que se invierte excesivamente en acabar con estos mercados.
Señores y señoras tengo la solución al paro. Ha costado pero por fín ha aparecido. La solución es: hacerse pirata. Pero no pirata de parche y loro, no, eso son pamplinas. El pirata que se lleva es el somalí. Se ha sabido que más de 50 inversores ayudan a los abordajes que se vienen sucediendo ultimamente. Incluso se han establecido sueldos según las funciones desempeñadas. Si lo tuyo es la bodega, cobras menos que si estás en el grupo de asalto, y si además consigues ser el primero en poner pie en el barco rival, entonces te forras.
Sara Carbonero. Revista ELLE.

Comentaba ya, Lucia Etxebarria, una adelantada a su tiempo, el 7 de septiembre, que el Defensor del Menor debería pronunciarse en el caso Andreita. Tan solo 4 días después se emite un comunicado que advierte que los anteriormente nombrados han pedido a la Fiscalia que tomen cartas en el asunto de la niña de la Esteban. Según parece, 7 personas anónimas, y por lo tanto cobardes, se pusieron en contacto con El Defensor del Menor para que “la princesa del pueblo” pusiese punto y final a sus intervenciones televisivas en las que no se dejaba de mentar a la niña. Por supuesto, horas después de conocerse la noticia, la Esteban se vino arriba y compareció en su plató para tranquilizar a la población que estaba en un sin vivir. Belén, menos afectada de lo que todos esperabamos, volvió a lanzar, a todos aquellos que lo duden, que “por su hija ma-ta”. Desde aquí, y sin que sirva de precedente, he de romper una lanza a favor de la de San Blas (con B como diría ella). Belén Esteban lleva cerca de 10 años defendiendo lo que para ella es lo más importante, su hija. La comprometida tertuliana lleva una década advirtiendo de la mala gestión de su ex pareja para con la hija de ambos. ¿En esto no se rasga las vestiduras la población y por ende el Defensor del Menor? La más aclamada del papel couché, y a su vez, aunque parece ser que en minoria, la más detestada, ha sufrido lo que se conoce como moving. En este pais cuando alguien asoma demasiado la cabeza lo más útil es pisarla para que deje de eclipsar al resto. No defiendo ni defenderé a la Estaban en cuanto al papel que ejecuta en televisión ni a todos los que como ella ocupan un sitio preciado y soñado por periodistas de carrera, lo que si defiendo es que el papel que lleva a cabo como madre no es discutible aunque si los modos. Que día tras día se esté hablando de la niña no es saludable ni para la tertuliana ni para su retoño. Pero, si alguien comparte culpas son las cadenas de televisión y con creces su programa que explota el tema hasta límites insospechados. Y, ya se sabe, si a la Esteban le das cuerda y campo libre…